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La antigua edad del pavo

Conversaciones con activistas sub 18

 Cuando pienso en mi adolescencia y en la de las mujeres que conozco, se me viene a la cabeza toda una serie de sucesos incómodos y condenas sociales. La heteronormatividad al palo. El primer abuso,para las  afortunadas, que superaron la infancia y salieron ilesas. El cultivo de la “anti sororidad”. La otra, una enemiga. Competencia.Puta.Puta.Puta. Todo alrededor del falo, eso que te rige y te define. Y tu cuerpo. Gorda. Flaca.Y tus pelos.Depilate.El inicio del camino condenante de la única belleza posible.Así, el traspaso traumático a la próxima etapa está plagadas de estereotipos y mandatos que recién ahora se cuestionan. Dicho con un entendimiento actual de las cosas: un adolecer marcado por todas las herramientas de opresión del patriarcado.



 Este repaso fulminante lo hago camino a encontrarme con cinco amigas feministas under 18. Ellas están juntas en un espacio llamado “Mujeres Empoderadas” y son alumnas del Nacional Buenos Aires.Hablan con la autoridad de pertenecer a una generación que torció el destino de les que vienen. Se encargan de ayudar a las víctimas de abuso de su colegio. Conversan con ellas, las acompañan y las ayudan a seguir adelante.

Entre ellas se miran, se abrazan, se dan la mano. Sostienen a la que se le quiebra la voz cuando habla de los abusos que sufrió. Tiran varias puntas de conversación y las sostienen. Algunas de ellas no se depilan, no entienden la necesidad. Hablan de masturbación. Charlamos de métodos anticonceptivos. Qué pasaba con las pastillas. Cómo funciona el diú. Sabían algo sobre cada método. Surgió el tema del aborto. Una contó que su hermana. Que su tía. Que su prima. Que la vecina. ¿Cirugía o misoprostol?. “Esperá que tengo un screenshot de como se usa”. Me ponen la piel de gallina.

Cuentan sobre la paciencia diaria que conlleva ser una feminista adolescente que combate al establishment. La esperanza que tienen sobre las que todavía no abrieron los ojos .Porque una vez que ves el flash, dicen, no podes parar. No dejan pasar ni un micromachismo. Tienen paciencia porque ellas mismas  recuerdan a esa primer amiga feminista que estuvo ahí. Explicando, escuchando, identificando.Invitando al proceso de descontrucciòn. “Yo hasta que me descontruí…pasó un tiempo y sigo haciéndolo constantemente”.”No sé si es militancia, creo que es más que eso”.“Es un modo de vida más que nada”.

Cuando les pregunto con quién se enfrentan en el día entre sus amigues, familia y autoridades, la respuesta es tajante: con los abusadores. Los pasillos están plagados de casos. La cara se les transforma. Están enojadas. Tienen que hablar y acompañar a las víctimas, para afrontar lo que les pasó, interna y externamente. Les toca lidiar con los abusadores,sus propios compañeros, amigos e inclusive, ex novios. Algunas piensan que ciertos abusadores pueden de(re)construirse a ellos mismos, entender qué es lo que está mal y recuperarse. Otras piensan que no. Estas decisiones, debates, circunstancias, las encaran todos los días. Entre ellas y con las autoridades. A quienes  les derrumban constantemente argumentos machistas con los que justifican a los abusadores: insistió porque le gustas; tómatelo como un halago; te cela porque te quiere, entre otros.

Durante la charla, estas jóvenes coinciden que gran parte de su despertar se lo reconocen a un seno familiar que escuchó, a una clase social que les permitió y a una ciudad que vibró. Son conscientes de todas las hermanas que faltan despertar alrededor del territorio. Pensamos juntas que se puede hacer. Tender puentes con las hermanas en todo el país. El próximo paso es la “federalización” del feminismo. Saben que hay que cruzar la General Paz y seguir laburando intensamente para que esto pase.

Dejamos abruptamente la charla. Eran casi las 22 hs del 7 de marzo. Había mucho que preparar para el otro día. Llego a la plaza temprano y empiezo a identificar adolescentes para seguir reuniendo testimonios. Me quedo petrificada observando toda la escena. Las veo por Av. de Mayo , pasándose glitter, sonriendo, buscando pañuelos verdes, usándolos de top. Entre ellas, con adultas, con desconocidas, se van uniendo como puntos clave a lo largo de la concentración. Son parte activa del movimiento, difundiendo, informando, hablando. Haciendo ruido. Ruido entre sus pares, hacia abajo y hacia arriba. Fuerzan a los padres, madres y a los adultos que las rodea a escuchar ese ruido que les genera la desigualdad. Tienen los mismos miedos que cualquiera en su edad, pero se tienen entre sí. Abrieron los ojos juntas.

 Y juntas se mantienen. Contra todo lo que les dieron como establecido. Las pibas no se bancan más al patriarcado. Educan. Informan. Escuchan. No necesito hablar con ninguna más. Me quedo con esta imagen, entre la piel de gallina y las lágrimas. Acá están, formadas y en formación, soñando el futuro violeta y verde, pintándose los labios con él. Las pibas terminaron con la antigua edad del pavo para instalar la edad de la revolución.

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