en

No limitar la violencia tiene consecuencias extremas

Marina Abramovic dejó que usaran su cuerpo como objeto. Y lo que ocurrió fue escalofriante. La premisa era muy sencilla. La artista quedaría inmóvil, y durante 6 horas, los asistentes podrían interactuar con ella y usar hasta 72 objetos que había en una mesa. Las instrucciones eran: Hay 72 objetos en la mesa y pueden utilizarlos en mi como deseen. Premisa: Yo soy el objeto. Durante ese tiempo, yo asumo toda la responsabilidad. Duración 6 horas. Había objetos de placer como plumas, pañuelos de seda, flores, agua… y otros de destrucción como cuchillas, cadenas y una pistola con balas.

Todo empezó de manera tímida. Alguien se acercó a decorar de manera con flores, unirla con una cuerda a otro objeto y hacer cosquillas. Luego la cambiaron de posición. Y usaron cadenas y la rociaron con agua. Al ver que ella contenía las reacciones, la gente aumentó la intensidad. Un hombre usó una navaja de afeitar para realizar un corte en su cuello. Otro eligió utilizar las espinar de una rosa para arañar su vientre y alguien la colocó apuntando un arma cargada a su cuello. En las últimas horas la performance se volví aun más espeluznante. “Me sentí violada” recuerda Abramovic. “Me cortaron la ropa y desnudaron en parte, me pagaron con la rosa de espinas en el vientre y lo de la pistola fue punto aparte”. ¿El resultado? “Esta obra revela algo terrible sobre la humanidad: muestra qué tan rápido una persona puede hacerte daño en circunstancias favorables. Muestra lo fácil que es deshumanizar a una persona que no lucha, que no se defiende. Muestra que si se proporciona el escenario, la mayoría de las personas “normales”, al parece, pueden llegar a ser verdaderamente violentes”.

¿Qué te pareció?

14 points
Upvote Downvote

Total votes: 2

Upvotes: 2

Upvotes percentage: 100.000000%

Downvotes: 0

Downvotes percentage: 0.000000%

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

barcelona-foto-ciudad-gaudi

Turismofobia en Barcelona